Stanley Kubrick. Ritualidad, Exclusión Social e Institucionalidad Cultural. Exhibición Itinerante en el CCCB. Barcelona.

La presente reflexión une varios planteamientos de autores como: Carol Duncan en el texto de estudio “Museos de Arte como Ritual”, publicado en Londres en 1995; y Fiona McLean  en su texto “Museos y la Construcción de Identidad Nacional” de 1998. Adicionalmente, de forma transversal plantearé un acercamiento a las concepciones de capital cultural y élites sociales propuestas por Pierre Bourdieu en su publicación “La Distinción. Criterio y Bases Sociales del Gusto” publicado en 1979.  Estos fundamentos me permitirán explicar la forma y el fondo de la muestra temporal de Stanley Kubrick, expuesta en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el CCCB. Es así que,  en esta exhibición se puede distinguir que su planteamiento curatorial deja como resultado una violencia simbólica y una distinción de clase. Finalmente, analizaré la postura de la institucionalidad cultural pública y distinguiré como este centro cultural, que es un agente activador de la participación ciudadana en las prácticas culturales de la ciudad, es parte de un contexto donde se juega con significantes para la legitimación de un capital cultural proveniente desde el poder de las élites del sector privado hacia las masas.

Antes de iniciar con las reflexiones planteadas es necesario conocer que la muestra temporal de Kubrick fue inaugurada el 23 de octubre de 2018 en el CCCB y hace un recorrido cronológico por la trayectoria creativa del director estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999). En el inicio  de las salas de exhibición se describe sus años de aprendizaje como fotógrafo en la revista Look. Posteriormente en cada espacio museográfico se recorre doce de sus largometrajes, y sus proyectos no realizados o encargados a la responsabilidad de otros productores. Los recursos museográficos muestran una selección de más de seiscientos ítems entre imágenes en movimiento, más de cuarenta audiovisuales; varios objetos y materiales que proceden de los archivos personales del cineasta, entre ellos podemos mencionar: documentos de investigación y producción, guiones, fotos fijas, utillaje, vestuario, maquetas y cámaras.

Inicio este razonamiento analizando  la forma de la muestra. Al hablar de la forma me refiero a lo que se percibe con la mirada al momento de estar inmerso en la exhibición: a los objetos, a su disposición en el espacio, entre otros recursos. Es asi que, considero importante poner un foco de atención en el estilo de la museografía utilizada para la muestra.  En este sentido, la puesta en escena demuestra lo que Duncan refiere como el escenario perfecto para el performance [1]y que invita al visitante a introducirse en la vida del cineasta. Por medio del dramatismo logrado en cada una de las salas, tanto en el juego de luces que contrastan sobre las paredes obscuras como en la línea de montaje que crea espacios cerrados, se resalta a los objetos más destacables del enfoque discursivo[2]y que desde mi juicio sería enfatizar en las habilidades del cineasta, en la producción y en su genio en las artes audiovisuales. En este sentido, al iniciar el recorrido aún cuando no se tenga la información sobre lo que trata la muestra, los pasillos llevan al visitante a otra dimensión donde claramente se propicia el estado de liminalidad[3]que permite explorar la vida de Kubrick de una manera interpelativa, y cubre la carencia de la explicación sobre los contextos sociales en los que se desenvuelve como director. Además, en este estado mental el espectador está listo para la transformación y se inicia el ritual para conocer a este artista del cine; y de seguro quien no sabe de su existencia al salir de la muestra sentirá una necesidad de mirar al menos una película producida para asimilar de mejor manera lo visto en las salas. Describo esta reacción como un ejemplo personal puesto al momento de ser parte de esta muestra como un espectador que no tenía claro quien era Kubrick, apenas salí del recorrido, programé una tarde para volver a mirar una de sus producciones populares “El resplandor”. Asimismo, como lo señala Duncan: “[…] la experiencia ritual es pensada para tener un propósito y un final. Es vista como transformadora, que confiere o renueva la identidad o la purifica.”[4]Finalmente, para terminar este apartado diré que si el objetivo de la museografía concebida es mostrar a un cineasta fuera de serie, como el artista excepcional en el mundo del cine, con estéticas sombrías o excéntricas, se logró este cometido y quizá ahora mi espíritu se ha alimentado con un conocimiento sobre el cine, pero claro está, según las particularidades de Kubrick. Sin embargo, es importante tener presente que la postura de la muestra no es del todo neutral y mi espíritu debería cuestionarla.

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Para avanzar con el planteamiento propuesto, en cuanto al fondo me voy a referir a la postura del discurso, a lo que logra la museología no solo en el espectador sino en la sociedad en general;  al impacto de la muestra en un contexto más amplio. Es así que esta exposición marca, como Bourdieu señala, una diferenciación de clase de acuerdo al capital cultural acumulado por un grupo específico de la sociedad[5]; en el caso particular de esta muestra el capital cultural del cine estadounidense y los significantes de los largometrajes de Kubrick que son reconocidos únicamente por aquellos amantes del cine que comprenden los códigos y sus referentes. Es decir que si podría existir un proceso de exclusión social por medio de la distinción porque no todas las personas comprenden los códigos asociados los objetos que se exhiben, tales como: máscaras, o vestuario de algunos personajes de las películas, ya sea porque no han sido heredados ni tampoco transmitidos mediante una educación en el campo del cine. En este sentido  según Bourdieu “[…]se comprende que la manera de utilizar unos bienes simbólicos, y en particular aquellos que están considerados como los atributos de la excelencia, constituyen uno de los contrastes privilegiados que acreditan la clase, al mismo tiempo que el instrumento por excelencia de las estrategias de distinción, es decir, en palabras de Proust -del arte infinitamente variado de marcar las distancias-”. Para complementar todo lo mencionado y desde otra esfera más amplia, estas brechas sociales son establecidas por los mismos círculos de poder puesto que la muestra viene de las élites de la producción cinematográfica de los EE.UU. para que sean comprendidas por las élites de la ciudad itinerante en la que se expone; entonces es allí donde también existe esta diferenciación social pues estoy casi seguro que existe una parte de la sociedad que es ajena a la imagen de Kubrick, por lo tanto no comprenderá estos significantes y automáticamente serán segregados de la participación cultural, al menos en esta exhibición. En este sentido, es una puesta en escena de las élites para las élites; y por el momento global en el que nos encontramos será para satisfacción de los grupos de poder transnacionales.

Retomando los planteamientos tanto del fondo y de la forma en la que se presenta esta exposición, y a su vez, recordando el mensaje final que deja en referencia a esa pretensión de legitimar una experticia y grandiosidad en el trabajo de un solo cineasta, considero que si existe una forma de violencia simbólica e imposición de poder. Para ampliar el tema, si miramos cada espacio de la museografía se destacan ideas de superioridad, se pone a este artista por encima de muchos otros que pudieron haber existido, y en la ausencia de los mismos se afirman mencionadas pretensiones. Además, se lo aparta de los contextos en los que desarrolla el trabajo borrando posibilidades de crítica sobre la vida o influencia de este artista en la configuración del propio tiempo y espacio en el que vivió. En este sentido, creo que esta supremacía y violencia citada está manifestándose en varios niveles de actuación y Kubrick es solamente una escusa para legitimar un poder mayor y global. Me refiero al control del campo del cine a nivel mundial puesto que, si analizamos la procedencia, es una exposición del Deutsches Filmmuseum, Frankfurt am Main, Christiane Kubrick, Jan Harlan y el Stanley Kubrick Archive de la University of the Arts London, con la colaboración de Warner Bros. Entertainment Inc., Sony-Columbia Pictures Industries Inc., Metro Goldwyn Mayer Studios Inc., Universal Studios Inc., y SK Film Archives LLC. que son instituciones que controlan el mundo del cine y son élites poseedoras de este capital simbólico que lo utilizan para legitimar su poder en este campo.  Adicionalmente, por medio de la difusión de este artista, que de una u otra forma fue parte de este grupo de poder, percibo un egocentrismo y demostración de cómo se puede manipular mediante una exhibición los criterios de poder antes señalados. En un mundo ideal, considero que sería diferente si a lo largo de la exposición también se pusiera de manifiesto canales de comunicación con otros cineastas; y si es una exhibición global sería enriquecedor encontrar diálogos con la producción local o quizá con los puntos de vista de la ciudad que acoge la exhibición. En esta reflexión es importante tomar en cuenta que “[…] los museos no solo se preocupan por los objetos sino también por las ideas, que son nociones de lo que el mundo es, o debería ser.”[6]Una construcción de una exhibición en democracia cultural para generar nuevas nociones de actuación, permitiría destruir las barreras de distinción pero quizá intencionalmente se reafirma su existencia puesto que será incómodo para las élites despojarles del poder acumulado por siglos. Es conveniente destacar que a lo largo de la exhibición existen algunos sitios específicos donde se muestra, por ejemplo, la relación de España como escenario en algunas películas, sin embargo estas intervenciones quedan casi imperceptibles al ojo del visitante y más allá de lo anecdótico no aportan a la formación de un criterio reflexivo o liberador. Quizá estas ausencias no fueron intencionales pero es importante tenerlas en cuenta para recibir los mensajes y pensar en las consecuencias que se puede dejar en la sociedad.

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A cerca del papel que juega la institucionalidad cultural frente a la muestra de Kubrick; el CCCB determina su posición como un agente cultural para difundir contenidos, educar y ser un espacio de la ciudad para desarrollar el pensamiento crítico en las diferentes manifestaciones culturales que hacen parte de la vida contemporánea. ¿Pero qué significa acoger una muestra itinerante sobre cine, concebida en el sector privado y exponerla en este centro cultural del sector público? ¿Cuál es el papel de lo público al intentar legitimar una producción privada con toda la carga simbólica antes descrita? ¿Qué tensiones se generan entre poder institucional y posición de la ciudadana en general? Para iniciar con las respuestas a esta y otras preguntas tomaré el punto de vista de MCLean cuando dice que los “Museos son instituciones sociales, los productos y agentes  de un cambio político y social”[7]. Con Kubrick en el CCCB creo que no se aporta a un cambio social de base que permita la configuración de sociedades capaces de solucionar las problemáticas de la vida contemporánea. Con esta exhibición no se apela a la lucha contra la división social, o dejar las semillas para sociedades cohesionadoras y del bienestar, simplemente se hace una difusión de un componente de la historia del cine a nivel mundial y que al provenir de instituciones de la élite del cine estadounidense se está legitimando erróneamente valores que no identifican a la mayoría de la sociedad. Es así que el cometido de agentes de cambio desde el sector público no se ha cumplido. Más bien, el CCB como agente público ha entrado en el juego del sector privado para buscar la legitimación social de este artista, para excluir, o en tal caso para deleitar a un grupo reducido de la sociedad que conoce al cineasta.

Por otro lado,  el tipo de curadurías que provienen desde el sector privado y que a su vez son concebidas como itinerantes, en su gran mayoría, consolidaran sus propios valores tratando de perpetuar su poder. A través de los capitales culturales acumulados se pone de manifiesto aquellos discursos que nunca serán neutrales. Frente a lo mencionando, creería que acoger estas muestras en un espacio público va en detrimento de las funciones sociales para la cual fue creada la institucionalidad, ya sea museo o centro cultural. Es así que considero importante tener claro los alcances que tienen estas instituciones y como lo señala McLean: “Los museos generan representaciones y atributos de valor y significados que se alinea a ciertas perspectivas o esquemas clasificatorios que son históricamente específicos.”[8]Una política de gestión de muestras en centros culturales estatales para acoger itinerancias, como la de Cubrick, deberían tener un plan de trabajo de reinterpretación y replanteamiento de las líneas museológicas propuestas antes de su presentación final al público. Para ello cito algunas recomendaciones sobre políticas que McLean señala con el objetivo de generar bases que eviten legitimaciones de las élites hacia las masas: “La política de los museos se refiere al papel de estos en la producción del conocimiento social. Según Foucault, las colecciones de museos son eventos históricos, sociales y políticos. Para ver los discursos articulados a través de sus exhibiciones, los museos deben ser considerados en términos del enlace entre poder y conocimiento. El foco, entonces, está en el museo como una institución que se apropia y muestra objetos para ciertos fines, el del poder institucional.”[9]Pero estos fines y este poder institucional debería ser la herramienta que disuelva las diferencias sociales, el poder del sector privado, la supremacía de los capitales culturales de las élites globales que generan división social. Una vez identificada una u otra exhibición se debería trabajar pensando en que eventos históricos se esta presentando, con que características sociales se esta trabajando y volver a replantear cualquier propuesta privada.

Otro punto de vista sobre el papel de las instituciones culturales en la sociedad es el de carácter educativo. En este sentido, se auto identifican como el medio por el cual se tienden puentes a la ciudadanía para trasmitir conocimiento y propiciar un ambiente de reflexión crítica del presente de cada ciudadano; es decir tienen una función de enseñanza informal, pero que en cierta medida se olvidan de esta función  debido a errores contemporáneos como la sumisión sin ninguna reflexión al mercado cultural de prácticas superficiales. En la actualidad “como instituciones educativas, los museos tienden a permanecer neutrales y no confrontativos, lo que concuerda en gran medida con la visión de la realidad social que sostiene el visitante. En segundo lugar, dado que los museos están tratando de llegar a audiencias más amplias y más diversas, su público tendrá más y competirá con las demandas. Además, a medida que los museos se vuelven más dependientes del público, se vuelven más comerciales y se preocupan por la imagen y el grado de influencia del público sobre el museo aumenta.”[10] Es decir que se convierten en instituciones banales que no aportan a la educación de la sociedad, solamente se busca satisfacer necesidades de públicos sin criterios razonados, al vaivén del tiempo capitalista en el que vivimos; por eso se acogen exposiciones como la de Kubrick sin ningún proceso previo de reinterpretación. Sin embargo, estoy seguro que, si se haría aquel proceso, la muestra podría impactar positivamente en la sociedad. El tratamiento de contenidos adecuado podría dejar como resultado el cambio; favoreciendo la evolución en sociedades cohesionadoras, justas y libres de violencias.

A manera de conclusión puedo decir que la exhibición de Kubrick en el CCCB, está caracterizada por una museografía que impulsa al visitante a ser parte de un dramatismo explícito, casi performático, para conocer el trabajo del cineasta neoyorkino. La puesta en escena de la muestra hace comprender que el objetivo es mostrar a un artista incomparable en su campo. Esto genera tenciones sobre lo que podría llamarse una violencia ideológica hacia quienes no son afines al capital cultural asociado al cine. En este sentido, la muestra transmite el poderío de las élites transnacionales, dueñas del capital simbólico que juega con las ausencias de contextos sociales y presencias que reafirman su dominio.  Por otro lado, la institucionalidad cultural, en el caso de Kubrick, legitima unos valores que no son comunes a toda la sociedad y que más bien debería manejar sus contenidos con otra perspectiva, con herramientas de reinterpretación para que de esta forma las propuestas museográficas que provienen del sector privado se conviertan en herramientas para que los museos o centros culturales eduquen a los ciudadanos y su presencia como promotores de las manifestaciones culturales pueda facilitar la construcción de sociedades más igualitarias, críticas de la realidad y libres.


NOTAS:
[1]Duncan Carol, “Art Museums as a Ritual” En: Civilizing Rituals.(Routledge, 1995): 12.
[2]De esta forma, la museografía presentada en la exhibición es el escenario, con una disposición particular de la luz y con los guiones generales marcados claramente, donde se impulsa a los visitantes a que se conviertan en los actores que desarrollan su propio performance.
[3]“Liminalidad es un término asociado con el ritual que también se puede aplicar al tipo de atención que traemos al museo.” (Duncan, 1995:11). En este sentido,  la mente del espectador se encuentra en un estado donde esta fuera del tiempo y del espacio real; es allí donde su ser espiritual es capaz de asimilar cambios provocados por el entorno donde se encuentra.
[4]Ibíd., 13.
[5]Bourdieu Pierre, “La Distinción. Criterio y Bases Sociales del Gusto”. (Grupo Santillana de Ediciones. España, 1998): 61.
[6]McLean Fiona, “Museums and the construction of national identity”. A review, International Journal of Heritage Studies, 3:4, (1998): 247.
[7]Ibíd., 245.
[8]Ibíd., 247.
[9]Ibíd., 248.
[10]Ibíd., 249.

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